Hegoak
 

CONCURSO INTERNACIONAL DE MICRORRELATO "PREMIOS LORCA".

NAZIOARTEKO MIKROKONTAKIZUN "LORCA  SARIAK"  LEHIAKETAREN

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"SEGUID SONRIENDO" de: S. Melmoth
«Y sigues sonriendo como un idiota», me dijo antes de propinarle un puñetazo a la camilla y marcharse fuera de la habitación con paso airado. La enfermera acabó de coserme los puntos. «Salvajes –musitó–, pero aún sigues siendo guapo». Sonreí. Qué había ocurrido en los minutos previos a acabar en aquella sala de paredes blancas y ambiente aséptico todavía era un misterio para mí. Sí, me habían pegado, eso lo sabía. Eso me dolía: en el costado magullado, en la ceja rota, en las rodillas entumecidas… Por un beso. «Salvajes», volvió a susurrar la enfermera; luego dejó la gasa ensangrentada en un cuenco metálico. «Esto ya está. Te pondrás bien». Pablo entró corriendo en la habitación y sólo se detuvo al ver a aquella mujer sentada a los pies de la camilla. A Pablo nunca le habían gustado las enfermeras, desde que a los cinco años una aprendiz convirtiera su brazo en un campo de pruebas del ejercito estadounidense. «¿Y tú quién eres?», le preguntó la mujer. Pablo se sonrojó. No supo muy bien qué contestar después de lo ocurrido aquella noche. «Yo soy, yo…». «Entiendo», respondió la enfermera con una sonrisa; acto seguido se puso de pie, se acercó a Pablo y le puso la mano en el hombro. «Ahora necesita mimos. Tendrás que cuidarlo». Mi padre regresó con una lata medio vacía de Cocacola. «Y sigues sonriendo, ¡joder! ¡Que te han dado una puta paliza, gilipollas!». De pronto recayó en que en la habitación había alguien más. «¿Y éste quién coño es?». Alargué mi brazo y Pablo se acercó. Nos besamos. A mi padre se le cayó la lata al suelo. «Pero, ¿qué cojones…?». La enfermera lo mandó callar. Luego se giró hacia nosotros, y antes de marcharse nos dijo: «Seguid sonriendo, no como idiotas... sino como valientes».
 
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